martes , 26 marzo 2019
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Hipnosis de la ruta: el peligro de entrar en trance mientras conducimos

La denominada hipnosis de la ruta es un fenómeno peligroso que ha sufrido la inmensa mayoría de conductores en algún momento de su vida mientras estaba al volante, aunque dicho por su nombre seguramente muchos no saben a qué se refiere.

Se trata de un episodio en el que nuestra mente se desconecta de la actividad de conducción que estamos llevando a cabo y, pasados unos segundos, vuelve reaccionar a los estímulos externos sin poder recordar qué ha sucedido exactamente en ese tiempo.

Normalmente, esto se da en trayectos nocturnos, con poco tránsito, monótonos, con un trazado muy rectilíneo y paisajes homogéneos.

Además, el cansancio o la rutina del recorrido son factores que incrementan el riesgo de sufrir este fenómeno tan peligroso para la seguridad vial. Y es que, al fin y al cabo, el conductor circula en una especie de estado de trance, en el que no presta la adecuada atención y es incapaz de reaccionar con rapidez a situaciones imprevistas.

Dependiendo del tiempo que esté abstraído y la velocidad a la que viaje serán más o menos los metros recorridos en esta situación de “hipnosis”, que se desencadena cuando el patrón de movimiento y estímulos durante la conducción es totalmente predecible.

Esto ralentiza la actividad cerebral, de modo que momentáneamente desconectamos la mente y ejecutamos las acciones de manera automatizada.

Este fenómeno también se llama fiebre de la línea blanca, debido a que es habitual que se produzca cuando se concentra la mirada en las líneas blancas de la ruta, sobre todo cuando se circula tranquilamente de noche.

El concepto de hipnosis de la ruta no es nuevo. Ya se hablaba de él hace mucho más de medio siglo. De hecho, sirvió para dar una explicación a algunos accidentes de automóvil incomprensibles.

Circular en este estado de trance incrementa el riesgo de sufrir un percance en la ruta. Así que para evitarlo es recomendable:

– Ponerse al volante bien descansados

– Circular sin fijar la vista en un punto

– Buscar estímulos externos para asegurarnos de que conducimos de manera consciente

– Hacer paradas si el trayecto es largo

– Hidratarnos bien

– Tener el habitáculo a una temperatura agradable.

 

La Vanguardia